18.10.12

John M. "RED" Pollard

Este mes, marcado por la crisis, como casi todos los meses desde hace casi un lustro en España, viene a ilustrar esta sección un personaje que, junto a un caballo, encarnó una de esas historias de esperanza y superación en el contexto de la década posterior al "crash" de 1929, que tanto gustan a Hollywood y a la propia sociedad estadounidense.

Tenemos el placer de presentar a un jockey pelirrojo. La hípica no suele ser un mundo que irradie demasiada celebridad, pero en este caso, hay un jockey pelirrojo que trascendió al ámbito social, sobre todo siendo jinete de uno de los equinos más famosos, nos referimos al canadiense John M. Pollard, más conocido como “Red” Pollard, sobrenombre que debemos a su cabello.

No es de extrañar el color de su pelo, pues su abuelo, Michael Pollard, arribó al subcontinente norteamericano a mediados del siglo XIX desde su Irlanda natal. Primero se estableció en New Jersey, luego sirvió en un regimiento de Caballería en Illinois y se estableció definitivamente en Iowa en 1870. Allí nació John A. Pollard, su hijo, que emigró a Edmonton, Alberta, donde nació el 27 de octubre de 1909, ya como canadiense, su hijo y objeto de nuestro personaje del mes, Red Pollard.

La carrera como jinete de caballos de competición de Red Pollard comienza en su país natal. Con 24 años ya va destacando en Ontario, en hipódromos como Fort Erie y Woodbine. En 1936, en Detroit, es contratado por el entrenador Tom Smith y el empresario del automóvil Charles S. Howard para montar al caballo que le hará inmortal, Seabiscuit. La primera victoria de jinete y córcel llegó en el Handicap del Gobernador de Detroit. Se trasladan a California en tren y a lo largo del viaje disputan carreras que ganan. A lomos de Seabiscuit, Red Pollard se apuntó numerosas carreras importantes, incluyendo el Handicap de Brooklyn de Nueva York  y el Handicap de Suffolk Downs en Boston, ambos en 1937.  Red y “biscuit” ganaron en once de las quince carreras en las que participaron.

En su tiempo, la pareja fue considerada el mejor purasangre y el mejor jinete, consiguiendo Red Pollard una celebridad enaltecida por su espíritu de sacrificio y su entrega ante la adversidad, pues a lo largo de su carrera tuvo que superar no pocos obstáculos. Red Pollard medía 1,73 metros de altura, algo considerado como demasiado alto para un jockey. Pero, además, al principio de su carrera perdió la visión en el ojo derecho a causa del golpe con un guijarro levantado por otro caballo, accidente habitual debido a la escasa seguridad y protección de los jinetes en la época.

El infortunio de lesiones de Pollard se acrecienta en febrero de 1938, montando otro caballo de su promotor Charles S. Howard, Knightess Fair. Sufre una terrible y violenta caída en el que su esternón quedó aplastado por el peso de la caída del caballo, aparte de la rotura de costillas y brazos. Milagrosamente salva la vida tras una larga cirugía, e increíblemente se recuperó y, en julio de ese año, ya estaba montando; pero no tardó en fracturarse la pierna a causa de un caballo desbocado. Durante su recuperación conoce la que sería su mujer y madre de sus hijos Norah y John, la enfermera  Agnes Conlon. Más tarde, caminando por una finca de su benefactor Howard, que trataba a Red como un hijo, como demuestra el hecho de que se ocupase del coste económico de su recuperación, se rompe la pierna de nuevo al caer en un agujero.

Todas estas desgracias no impidieron que mientras Red estaba convaleciente, Seabiscuit fuera montado por un jinete amigo de Pollard, George Woolf. Entre 1938 y 1939, Woolf y Biscuit protagonizaron destacadas carreras en las que acrecentaron la leyenda del caballo, venciendo en la Carrera del Siglo a otro caballo legendario, el War Admiral, siendo nombrado en ese año 1938, caballo americano del año. Pero poco iba a durar lo bueno para Seabiscuit, que se rompe el ligamento de su pierna izquierda delantera.

La recuperación de jinete y caballo se produce en el rancho de Charles S. Howard. A pesar de su reciente matrimonio, Red Pollard esta abatido por lo que muchos creen el final de su carrera, las lesiones y un incipiente alcoholismo, pero el jockey pelirrojo se va recuperando al tiempo que hace lo propio con Seabiscuit, algo que resultaba impensable pues ya había sido desahuciado por la opinión veterinaria para volver a ser un campeón, reapareciendo junto a su maltrecho y lisiado jinete y encaminándose ambos por la senda del triunfo. En 1940 finalmente ganaron el Handicap de Santa Anita en California, siendo la última carrera de Seabiscuit. El caballo contaba con siete años de edad y comenzaba su retiro dorado como semental de 108 potros y siendo visitado por miles de aficionados del turf que admiraron su leyenda, y muriendo siete años después. Red montó a “Biscuit” 30 veces contando 18 victorias, todas ellas arrastrando el jockey alguna discapacidad, siendo uno de los artífices de uno de lo mejores caballos de carreras de la historia de la hípica.

Red Pollard nunca pudo rememorar los éxitos que le acompañaron junto a Seabiscuit, aunque permaneció en activo hasta la década de 1950, principalmente corriendo en Nueva Inglaterra. Instalado desde 1940 en Pawtucket, Rhode Island, posteriormente trabajó en el hipódromo de Narragansett Park en el mismo estado. El 7 de marzo de 1981, John M. “Red” Pollard fallecía en su casa de Pawtucket y era enterrado en el cementerio de Notre Dame junto a su esposa, camposanto separado por una milla del hipódromo de Narrangasett. En 1982, Pollard entró en el Salón de la Fama de Carreras de Caballos  de Toronto, en su Canadá natal. 

Ante las adversidades y las dificultades de la vida, Red Pollard supo sacar todo el partido a sus aptitudes y demostró ser una persona llena de coraje. Por méritos merece un hueco como un destacado pelirrojo.

Veinte años después la historia de Red y su famoso caballo sería llevada al cine en Seabiscuit, con Tobey Maguire como el jockey colorado. En las fotos, arriba puede verse al "Red" Pollard real, y abajo a Tobey Maguire haciendo su papel en dicha película.

1 comentario:

  1. Vi la película y la volvería a ver mil veces más; la química que existía entre caballo y jinete fue determinante en los triunfos de este famoso dueto, porque no sólo el pura sangre puso lo suyo. Cada vez que veo esta clase de películas -también sobre Secretariat- no hago sino emocionarme recordando a mi padre que a pesar de sus múltiples ocupaciones profesionales dejaba todo lo que tenía que hacer cuando -primero por radio después la TV- se trataba de las carreras en el Hipódromo de Monterrico, Perú, claro, previa compra de sus pollas y siempre decía que le faltaba muy pocos puntos para ganar; Monterrico era el lugar donde dejara imperecedera huella el invencible Santorín, ganador también del Pellegrini, Argentina, y por 13 cuerpos que nos hizo llorar a todo el país.Con excepcionales ejemplares como Seabiscuit, Secretariat, Santorín, entre otros, que aficionado al turf no se va a sentir orgulloso de haber nacido y en estos tiempos.

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